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Para realizar grandes sonhos necessitamos[[[ Grandes sonhos! [Hans Seyle]
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A pesar de las
asombrosas maniobras que don Juan efectuó con mi conciencia, a lo largo de los
años yo persistí, obstinado, en tratar de evaluar intelectualmente lo que él
hacía. Aunque he escrito mucho acerca de estas maniobras, siempre ha sido
desde el punto de vista experiencial y, además, desde una posición
estrictamente racional. Inmerso como estaba en mi propia racionalidad, no pude
reconocer las metas de las enseñanzas de don Juan. Para comprender el alcance
de estas metas con algún grado de exactitud, era necesario que perdiera mi
forma humana y que llegara a la totalidad de mí mismo.
Las enseñanzas
de don Juan tenían como fin guiarme a través de la segunda fase del desarrollo
de un guerrero: la verificación y aceptación irrestricta de que en nosotros
hay otro tipo de conciencia. Esta fase se dividía en dos categorías. La
primera, para la que don Juan requirió la ayuda de don Genaro, trataba con las
actividades. Consistía en mostrarme ciertos procedimientos, acciones y métodos
que estaban diseñados a ejercitar mi conciencia. La segunda tenía que ver con
la presentación de las seis proposiciones explicatorias.
A causa de las
dificultades que tuve en adaptar mi racionalidad a fin de aceptar la plausibilidad
de lo que me enseñaba, don Juan presentó estas proposiciones explicatorias en
términos de mis antecedentes escolásticos.
Lo primero que
hizo, como introducción, fue crear una escisión en mí mediante un golpe
específico en el omóplato derecho, un golpe que me hacía entrar en un estado
desusual de conciencia, el cual yo no podía recordar una vez que había vuelto a
la normalidad.
Hasta el
momento en que don Juan me hizo entrar en tal estado de conciencia tenía un
innegable sentido de continuidad, que creí producto de mi experiencia vital.
La idea que tenía de mí mismo era la de ser una entidad completa que podía
rendir cuentas de todo lo que había hecho. Además, me hallaba convencido de que
el aposento de toda mi conciencia, si es que lo había, se hallaba en mi
cabeza. Sin embargo, don Juan me demostró con su golpe que existe un centro en
la espina dorsal, a la altura de los omóplatos, que obviamente es un sitio de
conciencia acrecentada.
Cuando
interrogué a don Juan sobre la naturaleza de ese golpe, me explicó que el
nagual es un dirigente, un guía que tiene la responsabilidad de abrir el
camino, y que debe ser impecable para empapar a sus guerreros con un sentido de
confianza y claridad. Sólo bajo esas condiciones un nagual se halla en
posibilidad de proporcionar un golpe en la espalda a fin de forzar un
desplazamiento de conciencia, pues el poder del nagual es lo que permite llevar
a cabo la transición. Si el nagual no es un practicante impecable, el
desplazamiento no ocurre, como fue el caso cuando yo traté, sin éxito, de
colocar a los demás aprendices en un estado de conciencia acrecentada
aporreándolos en la espalda antes de aventuramos en el puente.
Pregunté a don
Juan qué conllevaba ese desplazamiento de conciencia. Me dijo que el nagual
tiene que dar el golpe en un sitio preciso, que varía de persona a persona pero
que siempre se halla en el área general de los omóplatos. Un nagual tiene que ver
para especificar el sitio, que se localiza en la periferia de la
luminosidad de uno y no en el cuerpo físico en sí; una vez que el nagual lo
identifica, lo empuja, más que golpearlo, y así crea una concavidad, una
depresión en el cascarón luminoso. El estado de conciencia acrecentada que
resulta de ese golpe dura lo que dura la depresión. Algunos cascarones
luminosos vuelven a sus formas originales por sí mismos, algunos tienen que ser
golpeados en otro punto a fin de ser restaurados, y otros más ya nunca
recuperan sus formas ovales.
Don Juan decía
que los videntes ven la conciencia como una brillantez peculiar. La
conciencia de la vida cotidiana es un destello en el lado derecho, que se
extiende del exterior del cuerpo físico hasta la periferia de nuestra
luminosidad.
La conciencia
acrecentada es un brillo más intenso que se asocia con gran velocidad y concentración,
un fulgor que satura la periferia del lado izquierdo.
Don Juan
decía, que los videntes explican lo que ocurre con el golpe del nagual, como un
desalojamiento temporal de un centro colocado en el capullo luminoso del
cuerpo. Las emanaciones del Águila en realidad se evalúan y se seleccionan en
ese centro. El golpe altera su funcionamiento normal.
A través de
sus observaciones, los videntes han llegado a la conclusión de que los
guerreros tienen que ser puestos en ese estado de desorientación. El cambio en
la manera como funcione la conciencia bajo esas condiciones hace que ese
estado sea un territorio ideal para dilucidar los mandatos del Águila: permite
que los guerreros funcionen como si estuvieran en la conciencia de todos los
días, con la diferencia de que pueden concentrarse en todo lo que hacen con una
claridad y con una fuerza sin precedentes.
Don Juan decía
que mi situación era análoga a la que él había experimentado. Su benefactor
creó una profunda escisión en él, haciéndolo desplazarse una y otra vez de la
conciencia del lado derecho a la del lado izquierdo. La claridad y la libertad
de su conciencia del lado izquierdo se hallaban en oposición directa a las
racionalizaciones e interminables defensas de su lado derecho. Me dijo que todos
los guerreros son echados a las profundidades de la misma situación que esa
polaridad modela, y que el nagual crea y refuerza la escisión a fin de conducir
a sus aprendices a la convicción de que hay una conciencia en los seres humanos
que no se ha explorado.
1. Lo que
percibimos como mundo son las emanaciones del Águila.
Don Juan me
explicó que el mundo que percibimos no tiene existencia trascendental. Como
estamos familiarizados con él creemos que lo que percibimos es un mundo de
objetos que existen tal como los percibimos, cuando en realidad no hay un
mundo de objetos, sino, más bien, un universo de emanaciones del Águila.
Esas
emanaciones representan la única realidad inmutable. Es una realidad que
abarca todo lo que existe, lo perceptible y lo imperceptible, lo conocible y
lo inconocible.
Los videntes
que ven las emanaciones del Águila las llaman mandatos a causa de su
fuerza apremiante. Todas las criaturas vivientes son apremiadas a usar las
emanaciones, y las usan sin llegar a saber lo que son. El hombre común y
corriente las interpreta como la realidad. Y los videntes que ven las
emanaciones las interpretan como la regla.
A pesar de que
los videntes ven las emanaciones, no tienen manera de saber qué es lo
que están viendo. En vez de enderezarse con conjeturas
superfluas, los videntes se ocupan en la especulación funcional de cómo se
pueden interpretar los mandatos del Águila. Don Juan sostenía que intuir una
realidad que trasciende el mundo que percibimos se queda en el nivel de las
conjeturas; no le basta a un guerrero conjeturar que los mandatos del Águila
son percibidos instantáneamente por todas las criaturas que viven en la tierra,
y que ninguna de ellas los perciben de la misma manera. Los guerreros deben
tratar de presenciar el flujo de emanaciones y "ver" la manera como
el hombre y otros seres vivientes lo usan para construir su mundo perceptible.
Cuando propuse
utilizar la palabra "descripción" en vez de emanaciones del Águila,
don Juan me aclaró que no estaba haciendo una metáfora. Dijo que la palabra
descripción connota un acuerdo humano, y que lo que percibimos emerge de un
mandato en el que no cuentan los acuerdos humanos.
2. La atención
es lo que nos hace percibir las emanaciones del Águila como el acto de
"desnatar"
Don Juan decía
que la percepción es una facultad física que cultivan las criaturas vivientes;
el resultado final de este cultivo en los seres humanos es conocido, entre los
videntes, como "atención". Don Juan describió la atención como el acto
de enganchar y canalizar la percepción. Dijo que ese acto es nuestra hazaña más
singular, que cubre toda la gama de alternativas y posibilidades humanas. Don
Juan estableció una distinción precisa entre alternativas y posibilidades.
Alternativas humanas son las que estamos capacitados para escoger como personas
que funcionan dentro del medio social. Nuestro panorama de este dominio es muy
limitado. Posibilidades humanas resultan ser aquellas que estamos capacitados
para lograr como seres luminosos.
Don Juan me reveló
un esquema clasificatorio de tres tipos de atención, enfatizando que llamarlos
"tipos" era erróneo. De hecho, se trata de tres niveles de
conocimiento: la primera, la segunda y la tercera atención; cada una de ellas
es un dominio independiente, completo en sí.
Para un
guerrero que se halla en las fases iniciales de su aprendizaje, la primera
atención es la más importante de las tres. Don Juan decía que sus proposiciones
explicatorias eran intentos de traer al primer plano el modo como funciona la
primera atención, algo que es totalmente desapercibido por nosotros.
Consideraba imperativo que los guerreros comprendieran la naturaleza de la
primera atención si es que iban a aventurarse en las otras dos.
Me explicó que
a la primera atención se le ha enseñado a moverse instantáneamente a través de
todo un espectro de las emanaciones del Águila, sin poner el menor énfasis
evidente en ello, a fin de alcanzar "unidades perceptuales" que todos
nosotros hemos aprendido que son perceptibles. Los videntes llaman "desnatar"
a esta hazaña de la primera atención, porque implica la capacidad de suprimir
las emanaciones superfluas y seleccionar cuáles de ellas se deben enfatizar.
Don Juan
explicó este proceso tomando como ejemplo la montaña que veíamos en ese
momento. Sostuvo que mi primera atención, al momento de ver la montaña, había
desnatado una infinita cantidad de emanaciones para obtener un milagro de
percepción; un desnate que todos los seres humanos conocen porque cada uno de
ellos lo ha logrado alcanzar por sí mismo.
Los videntes
dicen que todo aquello que la primera atención suprime para obtener un
desnate, ya no puede ser recuperado por la primera atención bajo ninguna
condición. Una vez que aprendemos a percibir en términos de desnates, nuestros
sentidos ya no registran las emanaciones superfluas. Para dilucidar este punto
me dio el ejemplo del desnate "cuerpo humano". Dijo que nuestra
primera atención está totalmente inconsciente de las emanaciones que componen
el luminoso cascarón externo del cuerpo físico. Nuestro capullo oval no está
sujeto a la percepción; se han rechazado las emanaciones que lo harían
perceptible en favor de las que permiten a la primera atención percibir el
cuerpo físico tal como lo conocemos.
Por tanto, la
meta perceptual que tienen que lograr los niños mientras maduran, consiste en
aprender a aislar las emanaciones apropiadas con el fin de canalizar su
percepción caótica y transformarla en la primera atención; al hacerlo, aprenden
a construir desnates. Todos los seres humanos maduros que rodean a los niños
les enseñan a desnatar. Tarde o temprano los niños aprenden a controlar su
primera atención a fin de percibir los desnates en términos semejantes a los de
sus maestros.
Don Juan nunca
dejó de maravillarse con la capacidad de los seres humanos de impartir orden al
caos de la percepción. Sostenía que cada uno de nosotros, por sus propios
méritos, es un mago magistral y que nuestra magia consiste en imbuir de
realidad los desnates que nuestra primera atención ha aprendido a construir. El
hecho de que percibimos en términos de desnates es el mandato del Águila, pero
percibir los mandatos como objetos es nuestro poder, nuestro don mágico.
Nuestra falacia, por otra parte, es que siempre acabamos siendo unilaterales al
olvidar que los desnates sólo son reales en el sentido de que los percibimos
como reales, debido al poder que tenemos para hacerlo. Don Juan llamaba a esto
un error de juicio que destruye la riqueza de nuestros misteriosos orígenes.
3. A los
desnates les da sentido el primer anillo de poder.
Don Juan decía
que el primer anillo de poder es la fuerza que sale de las emanaciones del
Águila para afectar exclusivamente a nuestra primera atención. Explicó que se
le ha representado como un "anillo" a causa de su dinamismo, de su
movimiento ininterrumpido. Se le ha llamado anillo "de poder"
debido, primero, a su carácter compulsivo, y, segundo, a causa de su capacidad
única de detener sus obras, de cambiarlas o de revertir su dirección.
El carácter
compulsivo se muestra mejor en el hecho de que no sólo apremia a la primera
atención a construir y perpetuar desnates, sino que exige un consenso de todos
los participantes. A todos nosotros se nos exige un completo acuerdo sobre la
fiel reproducción de desnates, pues la conformidad al primer anillo de poder
tiene que ser total.
Precisamente
esa conformidad es la que nos da la certeza de que los desnates son objetos que
existen como tales, independientemente de nuestra percepción. Además, lo compulsivo
del primer anillo de poder no cesa después del acuerdo inicial, sino que exige
que continuamente renovemos el acuerdo. Toda la vida tenemos que operar como
si, por ejemplo, cada uno de nuestros desnates fueran perceptualmente los
primeros para cada ser humano, a pesar de lenguajes y de culturas, Don Juan
concedía que aunque todo eso es demasiado serio para tomarlo en broma, el
carácter apremiante del primer anillo de poder es tan intenso que nos fuerza a
creer que si la "montaña" pudiera tener una conciencia propia, ésta
se consideraría como el desnate que hemos aprendido a construir.
La
característica más valiosa que el primer anillo de poder tiene para los
guerreros es la singular capacidad de interrumpir su flujo de energía, o de
suspenderlo del todo. Don Juan decía que ésta es una capacidad latente que
existe en todos nosotros como unidad de apoyo. En nuestro estrecho mundo de
desnates no hay necesidad de usarla. Puesto que estamos tan eficientemente
amortiguados y escudados por la red de la primera atención, no nos damos cuenta,
ni siquiera vagamente, de que tenemos recursos escondidos. Sin embargo, si se
nos presentara otra alternativa para elegir, como es la opción del guerrero de
utilizar la segunda atención, la capacidad latente del primer anillo de poder
podría empezar a funcionar y podría usarse con resultados espectaculares.
Don Juan
subraya que la mayor hazaña de los brujos es el proceso de activar esa
capacidad latente; él lo llamaba bloquear el intento del primer anillo
de poder. Me explicó que las emanaciones del Águila, que ya han sido aisladas
por la primera atención para construir el mundo de todos los días, ejerce una
presión inquebrantable en la primera atención. Para que esta presión detenga su
actividad, el intento tiene que ser desalojado. Los videntes llaman a
esto una obstrucción o una interrupción del primer anillo de poder.
4. El intento
es la fuerza que mueve al primer anillo de poder.
Don Juan me
explicó que el intento no se refiere a tener una intención, o desear una
cosa u otra, sino más bien se trata de una fuerza imponderable que nos hace
comportarnos de maneras que pueden describirse como intención, deseo, volición,
etcétera. Don Juan no lo presentaba como una condición de ser, proveniente de
uno mismo, tal como es un hábito producido por la socialización, o una reacción
biológica, sino más bien lo representaba como una fuerza privada, íntima, que
poseemos y usamos individualmente como una llave que hace que el primer anillo
de poder se mueva de maneras aceptables. El intento es lo que dirige a
la primera atención para que ésta se concentre en las emanaciones del Águila
dentro de un cierto marco. Y el intento también es lo que ordena al primer
anillo de poder a obstruir o interrumpir su flujo de energía.
Don Juan me
sugirió que concibiera el intento como una fuerza invisible que existe en el
universo, sin recibirse a si misma, pero que aun así afecta a todo: fuerza que
crea y que mantiene los desnates.
Aseveró que
los desnates tienen que recrearse incesantemente para estar imbuidos de
continuidad. A fin de recrearlos cada vez con el frescor que necesitan para
construir un mundo viviente, tenemos que intentarlos cada vez que los construimos.
Por ejemplo, tenemos que intentar la "montaña" con todas sus
complejidades para que el desnate se materialice completo. Don Juan decía que
para un espectador, que se comporta exclusivamente con base en la primera
atención sin la intervención del intento, la "montaña" aparecería
como un desnate enteramente distinto. Podría aparecer como el desnate
"forma geométrica" o "mancha amorfa de coloración". Para
que el desnate montaña se complete, el espectador debe intentarlo, ya sea
involuntariamente a través de la fuerza apremiante del primer anillo de poder,
o premeditadamente, a través del entrenamiento del guerrero.
Don Juan me
señaló las tres maneras como nos llega el intento. La más predominante es
conocida por los videntes como "el intento del primer anillo de
poder". Este es un intento ciego que nos llega por una casualidad. Es como
si estuviéramos en su camino, o como si el intento se pusiera en el nuestro.
Inevitablemente nos descubrimos atrapados en sus mallas sin tener ni el menor
control de lo que nos está sucediendo.
La segunda
manera es cuando el intento nos llega por su propia cuenta. Esto requiere un
considerable grado de propósito, un sentido de determinación por parte
nuestra. Sólo en nuestra capacidad de guerreros podemos colocarnos voluntariamente
en el camino del intento; lo convocamos, por así decirlo. Don Juan me explicó
que su insistencia por ser un guerrero impecable no era nada más que un
esfuerzo por dejar que el intento supiera que él se está poniendo en su camino.
Don Juan decía
que los guerreros llaman "poder" a este fenómeno. Así es que cuando
hablan de tener poder personal, se refieren al intento que les llega
voluntariamente. El resultado, me decía, puede describirse como la facilidad de
encontrar nuevas soluciones, o la facilidad de afectar a la gente o a los
acontecimientos. Es como si otras posibilidades, desconocidas previamente por
el guerrero, de súbito se volviesen aparentes. De esta manera, un guerrero
impecable nunca planea nada por adelantado, pero sus actos son tan decisivos
que parece como si el guerrero hubiera calculado de antemano cada faceta de su
actividad.
La tercera
manera como encontramos al intento es la más rara y compleja de las
tres; ocurre cuando el intento nos permite armonizar con él. Don Juan
describía éste estado como el verdadero momento de poder: la culminación de los
esfuerzos de toda una vida en busca de la impecabilidad. Sólo los guerreros
supremos lo obtienen, y en tanto se encuentran en ese estado, el intento se
deja manejar por ellos a voluntad. Es como si el intento se hubiera
fundido en esos guerreros, y al hacerlo los transforma en una fuerza pura, sin
preconcepciones. Los videntes llaman a este estado el "intento del
segundo anillo de poder", o "voluntad".
5. El primer
anillo de poder puede ser detenido mediante un bloqueo funcional de la
capacidad de armar desnates.
Don Juan decía
que la función de los no-haceres es crear una obstrucción en el enfoque
habitual de nuestra primera atención. Los no-haceres son; en este
sentido, maniobras destinadas a preparar la primera atención para el bloqueo
funcional del primer anillo de poder o, en otras palabras, para la
interrupción del intento.
Don Juan me
explicó que este bloqueo funcional, que es el único método de utilizar
sistemáticamente la capacidad latente del primer anillo de poder, representa
una interrupción temporal que el benefactor crea en la capacidad de armar desnates
del discípulo. Se trata de una premeditada y poderosa intrusión artificial en
la primera atención, con el objeto de empujarla más allá de las apariencias que
los desnates conocidos nos presentan; esta intrusión se logra interrumpiendo
el intento del primer anillo de poder.
Don Juan decía
que para llevar a cabo la interrupción, el benefactor trata al intento como
lo que verdaderamente es: un proceso, un flujo, una corriente de energía que
eventualmente puede detenerse o reorientarse. Una interrupción de esta
naturaleza, sin embargo, implica una conmoción de tal magnitud que puede
forzar al primer anillo de poder a detenerse del todo; una situación imposible
de concebir bajo nuestras condiciones normales de vida. Nos resulta impensable
que podamos desandar los pasos que tomamos al consolidar nuestra percepción,
pero es factible que bajo el impacto de esa interrupción podamos colocarnos en
una posición perceptual muy similar a la de nuestros comienzos, cuando los
mandatos del Águila eran emanaciones que aún no imbuíamos de significado.
Don Juan decía
que cualquier procedimiento que el benefactor pueda cesar para crear esta
interrupción, tiene que estar íntimamente ligada con su poder personal, por
tanto, un benefactor no emplea ningún proceso para manejar el intento,
sino que a través de su poder personal lo mueve y lo pone al alcance del
aprendiz.
En mi caso,
don Juan logró el bloqueo funcional del primer anillo de poder mediante un
proceso complejo, que combinaba tres, métodos: ingestión de plantas alucinogénicas,
manipulación del cuerpo y maniobrar el intento mismo.
En el
principio don Juan se apoyó fuertemente en la ingestión de plantas
alucinogénicas, al parecer a causa de la persistencia de mi lado racional. El
efecto fue tremendo, y sin embargo retardó la interrupción que se buscaba. El
hecho de que las plantas fueran alucinogénicas le ofrecía a mi razón la
justificación perfecta para congregar todos sus recursos disponibles para
continuar ejerciendo el control. Yo estaba convencido de que podía explicar
lógicamente cualquier cosa que experimentaba, junto con las inconcebibles
hazañas que don Juan y don Genaro solían llevar a cabo para crear las interrupciones,
como distorsiones perceptuales causadas por la ingestión de alucinógenos.
Don Juan decía
que el efecto más notable de las plantas alucinogénicas era algo que cada vez
que las ingería yo interpretaba como la peculiar sensación de que todo en
torno a mí exudaba una sorprendente riqueza. Había colores, formas, detalles
que nunca antes había presenciado. Don Juan utilizó este incremento de mi
habilidad para percibir, y mediante una serie de órdenes y comentarios me
forzaba a entrar en un estado de agitación nerviosa. Después manipulaba mi cuerpo
y me hacía cambiar de un lado al otro de la conciencia, hasta que había creado
visiones fantasmagóricas o escenas completamente reales con criaturas
tridimensionales que era imposible que existieran en este mundo.
Don Juan me
explicó que una vez que se rompe la relación directa entre el intento y
los desnates que estamos construyendo, ésta ya nunca se puede restituir. A
partir de ese momento adquirimos la habilidad de atrapar una corriente de lo
que él conocía como "intento fantasma", o el intento de los
desnates que no están presentes en el momento o en el lugar de la interrupción,
eso es, un intento que queda a nuestra disposición a través de algún
aspecto de la memoria.
Don Juan
sostenía que con la interrupción del intento del primer anillo de poder
nos volvemos receptivos y maleables; un nagual puede entonces introducir el intento
del segundo anillo de poder. Don Juan se hallaba convencido de que los
niños de cierta edad se hallan en una situación parecida de receptividad; al
estar privados de intento, quedan listos para que se les imprima
cualquier intento accesible a los maestros que los rodean.
Después de un
periodo de ingestión continua de plantas alucinogénicas, don Juan descontinuó
totalmente su uso. Sin embargo, obtuvo nuevas y aún más dramáticas interrupciones
en mí manipulando mi cuerpo y haciéndome cambiar de estados de conciencia,
combinando todo esto con maniobrar el intento mismo. A través de una
combinación de instrucciones mesmerizantes y de comentarios apropiados, don
Juan creaba una corriente de intento fantasma, y yo era conducido a experimentar
los desnates comunes y corrientes como algo inimaginable. El conceptualizó
todo eso como "vislumbrar la inmensidad del Águila".
Don Juan me
guió magistralmente a través de incontables interrupciones de intento hasta
que se convenció, como vidente, que mi cuerpo mostraba el efecto del bloqueo
funcional del primer anillo de poder. Decía que podía ver una actividad
desacostumbrada en mi cascarón luminoso en torno al área de los omóplatos. La
describió como un hoyuelo que se había formado exactamente como si la
luminosidad fuese una capa muscular contraída por un nervio.
Para mí, el
efecto del bloqueo funcional del primer anillo de poder fue que logró borrar
la certeza que toda mi vida había tenido de que era "real" lo que
reportaban mis sentidos. Calladamente entré en un estado de silencio interior.
Don Juan decía que lo que le da a los guerreros esa extrema incertidumbre que
su benefactor experimentó a fines de su vida, esa resignación al fracaso que él
mismo se hallaba viviendo, es el hecho de que un vislumbre de la inmensidad
del Águila nos deja sin esperanzas. La esperanza es resultado de nuestra
familiaridad con los desnates y de la idea de que los controlamos. En tales
momentos sólo la vida de guerrero nos puede ayudar a perseverar en nuestros
esfuerzos por descubrir lo que el Águila nos ha ocultado, pero sin esperanzas
de que podamos llegar a comprender alguna vez lo que descubrimos.
6. la segunda
atención.
Don Juan me
explicó que el examen de la segunda atención debe de comenzar con darse cuenta
de que la fuerza del primer anillo de poder, que nos encajona, es un lindero
físico, concreto. Los videntes lo han descrito como una pared de niebla, una
barrera que puede ser llevada sistemáticamente a nuestra conciencia por medio
del bloqueo del primer anillo de poder; y luego puede ser perforada por medio
del entrenamiento del guerrero.
Al perforar la
pared de niebla, uno entra en un vasto estado intermedio. La tarea de los
guerreros consiste en atravesarlo hasta llegar a la siguiente línea divisoria,
que se deberá perforar a fin de entrar en lo que propiamente es el otro yo o la
segunda atención.
Don Juan decía
que las dos líneas divisorias son perfectamente discernibles. Cuando los
guerreros perforan la pared de niebla, sienten que se retuercen sus cuerpos, o
sienten un intenso temblor en la cavidad de sus cuerpos, por lo general a la
derecha del estómago o a través de la parte media, de derecha a izquierda.
Cuando los guerreros perforan la segunda línea, sienten un agudo crujido en la
parte superior del cuerpo, algo como el sonido de una pequeña rama seca que es
partida en dos.
Las dos líneas
que encajonan a las dos atenciones, y que las sellan individualmente; son
conocidas por los videntes como las líneas paralelas. Estas sellan las dos
atenciones mediante el hecho de que se extienden hasta el infinito, sin
permitir jamás el cruce a no ser que se les perfore.
Entre las dos
líneas existe un área de conciencia específica que los videntes llaman limbo, o
el mundo que se halla entre las líneas paralelas. Se trata de un espacio real
entre dos enormes órdenes de emanaciones del Águila; emanaciones que se hallan
dentro de las posibilidades humanas de conciencia. Uno es el nivel que crea el
yo de la vida de todos los días, y el otro es el nivel que crea el otro yo.
Como el limbo es una zona transicional, allí los dos campos de emanaciones se
extienden el uno sobre el otro. La fracción del nivel que nos es conocido, que
se extiende dentro de esa área, engancha a una porción del primer anillo de
poder; y la capacidad del primer anillo de poder de construir desnates, nos
obliga a percibir una serie de desnates en el limbo que son casi como los de
la vida diaria, salvo que aparecen grotescos, insólitos y contorsionados. De
esa manera el limbo tiene rasgos específicos que no cambian arbitrariamente
cada vez que uno entra en él. Hay en él rasgos físicos que semejan los desnates
de la vida cotidiana.
Don Juan
sostenía que la sensación de pesadez que se experimenta en el limbo se debe a
la carga creciente que se ha colocado en la primera atención. En el área que se
halla justamente tras de la pared de niebla aún podemos comportarnos como lo
hacemos normalmente; es como si nos encontráramos en un mundo grotesco pero
reconocible. Conforme penetramos más profundamente en él, más allá de la pared
de niebla, progresivamente se vuelve más difícil reconocer los rasgos o
comportarse en términos del yo conocido.
Me explicó que
era posible hacer que en vez de la pared de niebla apareciese cualquier otra
cosa, pero que los videntes han optado por acentuar lo que consume menor
energía: visualizar ese lindero como una pared de niebla no cuesta ningún
esfuerzo.
Lo que existe
más allá de la segunda línea divisoria es conocido por los videntes como la
segunda atención, o el otro yo, o el mundo paralelo; y el acto de traspasar los
dos linderos es conocido como "cruzar las líneas paralelas".
Don Juan
pensaba que yo podía asimilar este concepto más firmemente si me describía cada
dominio de la conciencia como una predisposición perceptual específica. Me
dijo que en el territorio de la conciencia de la vida cotidiana, nos hallamos
inescapablemente enredados en la predisposición perceptual de la primera
atención. A partir del momento en que el primer anillo de poder empieza a
construir desnates, la manera de construirlos se convierte en nuestra
predisposición perceptual normal. Romper la fuerza unificadora de la
predisposición perceptual de la primera atención implica romper la primera línea
divisoria. La predisposición perceptual normal pasa entonces al área
intermedia que se halla entre las líneas paralelas. Uno continúa construyendo
desnates casi normales durante un tiempo. Pero conforme se aproxima uno a lo
que los videntes llaman la segunda línea divisoria, la predisposición
perceptual de la primera atención empieza a ceder, pierde fuerza. Don Juan
decía que esta transición está marcada por una repentina incapacidad de
recordar o de comprender lo que se está haciendo.
Cuando se
alcanza la segunda línea divisoria, la segunda atención empieza a actuar sobre
los guerreros que llevan a cabo el viaje. Si éstos son inexpertos, su
conciencia se vacía, queda en blanco. Don Juan sostenía que esto ocurre porque
se están aproximando a un espectro de las emanaciones del Águila que aún no
tienen una predisposición perceptual sistematizada. Mis experiencias con la
Gorda y la mujer nagual más allá de la pared de niebla era un ejemplo de esa
incapacidad. Viajé hasta el otro yo, pero no pude dar cuenta de lo que había
hecho por la simple razón de que mi segunda atención se hallaba aún informulada
y no me daba la oportunidad de organizar todo lo que había percibido.
Don Juan me
explicó que uno empieza a activar el segundo anillo de poder forzando a la
segunda atención a despertar de su estupor. El bloqueo funcional del primer
anillo de poder logra esto. Después, la tarea del maestro consiste en recrear
la condición que dio principio al primer anillo de poder, la conclusión de
estar saturado de intento. El primer anillo de poder es puesto en
movimiento por la fuerza del intento dado por quienes enseñan a
desnatar. Como maestro mío él me estaba dando, entonces, un nuevo intento que
crearía un nuevo medio perceptual.
Don Juan decía
que toma toda una vida de disciplina incesante, que los videntes llaman intento
inquebrantable, preparar al segundo anillo de poder para que pueda
construir desnates del otro nivel de emanaciones del Águila. Dominar la predisposición
perceptual del yo paralelo es una hazaña. de valor incomparable que pocos
guerreros logran. Silvio Manuel era uno de esos pocos.
Don Juan me
advirtió que no se debe intentar dominarla deliberadamente. Si esto ocurre,
debe de ser mediante un proceso natural que se desenvuelve sin un gran esfuerzo
de nuestra parte. Me explicó que la razón de esta indiferencia estriba en la
consideración práctica de que al dominarla simplemente se vuelve muy difícil
romperla, pues la meta que los guerreros persiguen activamente es romper ambas
predisposiciones perceptuales para entrar en la libertad final de la tercera
atención.
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